María Zambrano, se propondrá ampliar la razón en un sentido
distinto: se tratará, más bien, de recobrar para el pensamiento el fondo oscuro
del ser humano en el que reside lo enigmático, lo misterioso, lo sagrado; todo
aquello que constituye la parte más profunda de nuestro ser y que, sin embargo,
no puede ser explicado discursivamente, sino que sólo puede ser revelado
poéticamente. María Zambrano nos habla
de una razón poética, es la
idea central de su pensamiento.
La idea de conocimiento poético o de razón poética lleva consigo
una determinada manera de concebir la verdad, la realidad y el lenguaje.
María Zambrano nos dice que a
quien no busca violentamente el conocimiento “la realidad le sale al encuentro
y su verdad no será nunca una verdad conquistada (…), sino revelación graciosa
y gratuita”. La realidad que se manifiesta al conocer poético es, como
decíamos anteriormente, aquel fondo de nuestro ser en el que reside lo
enigmático, lo misterioso, lo sagrado.
En El hombre y lo divino María Zambrano dice: “La realidad, tal como se presenta al hombre que no ha dudado (…) es
algo anterior a las cosas, es una irradiación de la vida que emana de un fondo
de misterio; es la realidad oculta, escondida; corresponde en suma a lo que hoy
llamamos sagrado”. La palabra realidad, en el contexto del conocimiento
poético, alude o apunta a todo aquello que el ser humano experimenta
poéticamente como fundamental (la vida, el ser), y de ahí que MZ acuda a
metáforas como la raíz, el corazón, etc. El pensamiento de MZ es ciertamente
pensamiento filosófico, metafísico, pero en la medida en que se sitúa en la
frontera de lo que es accesible a la razón discursiva, es un pensamiento que se
acerca a la mística. Como la realidad solamente es
accesible en la actitud no violenta, del que sabe
esperar, escuchar y acoger, de ahí se interpreta la verdad como un don o
regalo que se recibe “pasivamente”, y fundamentalmente como revelación. y se revela en la palabra poética. Esta no es la palabra que sirve como instrumento de
dominio, que nombra y define las cosas para dominarlas y para apoderarse de
ellas. No es tampoco la palabra como instrumento de comunicación. En la palabra
auténtica más que comunicación hay “comunión” entre quienes la escuchan y
entienden. En Claros del bosque señala que “la palabra no destinada al consumo
es la que nos constituye, la palabra que no hablamos, la que habla en nosotros
y nosotros, a veces, trasladamos al decir”. Todas estas reflexiones de MZ
apuntan a instaurar un “pensamiento poético”, un pensamiento capaz de superar
la escisión entre filosofía y poesía (esta es su gran preocupación).
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