domingo, 5 de febrero de 2017

y, ahora la teoría...

DESCARTES, RÉNE (1596-1650) 
Libertad como espontaneidad
Se considera a Descartes como el iniciador de la filosofía moderna, aunque hay que reconocer que varios pensadores de distintos ámbitos participan en el inicio de la modernidad. Sin embargo, Descartes juega un papel fundamental.  Este filósofo afirma y defiende el valor de la razón frente a los sentidos y la experiencia. Se trata de un filósofo racionalista.
En esta ocasión, solo vamos a centrarnos en lo que entiende por libertad.  Sintetizando, podríamos decir que entiende la libertad como espontaneidad. ¿Qué significa esto? Significa que cuanto mayor son los motivos que le llevan a actuar de una determinada manera, con más libertad actúa por que la voluntad no actúa en contra de sí misma sino en favor de lo que persigue o apetece. De este modo “libre, espontáneo y voluntario” son sinónimos y se dice que actúa libremente el que lo hace siguiendo ciertos motivos, necesidades o deseos. Descartes refinará esta definición añadiendo que el comportamiento libre será aquel que viene guiado por el bien tal y como lo presenta el entendimiento. Descartes escribió en este sentido:
"como nuestra voluntad no se determina a seguir o a huir de nada sino en cuanto nuestro entendimiento se lo represente como bueno o malo, basta con juzgar bien para obrar bien y con juzgar lo mejor que se pueda para obrar también lo mejor que se pueda"[332].
-"Si yo conociera siempre claramente lo que es verdadero y bueno, jamás me tomaría el trabajo de deliberar acerca de qué juicio debiera formar y qué elección hacer, y de ese modo sería enteramente libre, sin ser jamás indiferente"[333].
-"si [lo malo] lo viéramos claramente nos sería imposible pecar mientras lo viéramos de esta manera; por esto se dice que omnis peccans est ignorans (todo el que peca ignora)"[334].

SPINOZA, BARUCH (1632-1677)
Libertad como necesidad.
Spinoza considera que todo está sometido a una regulación permanente, existe una inteligencia divina que regula toda la naturaleza. Por tanto, ¿cómo es posible que exista la libertad humana?
La libertad humana aparece cuando el ser humano acepta que todo está determinado; la libertad no depende de la voluntad sino del entendimiento; el hombre se libera por medio del conocimiento intelectual.
Desaparece la idea de libre albedrío ya que el hombre está determinado por leyes universales que lo condicionan mediante la ley de la preservación de la vida.  Ser libre es regirse por la razón frente a la sumisión, por ejemplo, a la religión. Libertad es conciencia de la necesidad,  porque libertad y necesidad no se oponen, lo que se opone es libertad y coacción.
El hombre se cree libre porque tiene conciencia de su voluntad, pero ignora la causa que la determina. Ahora bien, esta causa es Dios mismo, que determina la libertad humana como todo otro modo de ser necesariamente. Ninguna diferencia hay en esto entre el hombre y la naturaleza, todo es necesidad en el uno y en la otra. 
Siendo el hombre un modo finito de la sustancia, es decir, una parte de la naturaleza, nuestra obligación y nuestra sabiduría consisten en conocer cuál es exactamente nuestra posición en ella. Cuando consigue esto, el hombre es, entonces,
 libre dentro del determinismo de lo necesario, en tanto que el entendimiento del hombre le posibilita orientar sus deseos y tendencias para conseguir su perfección en el desarrollo de todas las potencialidades que la naturaleza le ha dado. Por esto mismo lo contrario de la libertad no es, para Spinoza, la necesidad sino la
 coacción.
HUME (1711-1776)
Libertad como necesidad natural
Junto con el racionalismo, que se desarrolla en la Europa continental, el empirismo es la otra gran corriente filosófica de la modernidad, que se desarrollará en Gran Bretaña en los siglos XVII y XVIII.
Hume entiende la libertad como "el poder de actuar o de no actuar de acuerdo con las determinaciones de la voluntad". Para este filósofo, los actos libres siempre están determinados por uno o varios motivos, desde el carácter de una persona hasta sus sentimientos o pasiones.
Este filósofo critica el concepto de libertad como espontaneidad, lo libre es libre de necesidad. Estoy actuando libremente si me paro, pudiendo andar, o si ando, pudiendo pararme. No sería una acción libre moverme sin poder no hacerlo, sin embargo no es una acción azarosa: me muevo porque quiero ir a algún lugar, porque soy una persona nerviosa, porque me apetece… Hay diversos motivos que pueden estar determinando mi acción.
Si fuera la libertad espontaneidad pura, no habría responsabilidad moral alguna. Las acciones hacen de una persona un criminal o un virtuoso sólo porque son prueba de sus principios mentales, malos o buenos, y sólo por eso son reprochables o admirables. Hume rechaza todo determinismo.

KANT
Libertad como fundamento de la moralidad
Inmanuel Kant entiende la libertad como la capacidad de los seres racionales para determinarse a obrar según leyes de otra índole que las naturales, esto es, según leyes que son dadas por su propia razón; libertad equivale a autonomía de la voluntad.
La razón teórica no puede demostrar la existencia de la libertad pues solo es capaz de alcanzar el mundo de los fenómenos, mundo en el que todo está sometido a la ley de causalidad, y por lo tanto en el que todo ocurre por necesidad natural. Sin embargo, desde la perspectiva de la razón práctica, y si queremos entender la experiencia moral, cabe la defensa de la existencia de la libertad: si en sus acciones las personas están determinadas por causas naturales, es decir si carecen de libertad, no podemos atribuirles responsabilidad, ni es posible la conducta moral; de este modo, la libertad es la ratio essendi (la condición de la posibilidad) de la moralidad, a la vez que la moralidad es la ratio cognoscendi (lo que nos muestra o da noticia) de la libertad.
Según Kant, llamamos autónomo a un sujeto cuando se da a sí mismo sus propias leyes y es capaz de cumplirlas. Estas leyes se las da su propia razón.  La libertad se relaciona con una de las formulaciones del imperativo categórico: “Obra de tal manera que la voluntad pueda considerarse a sí misma, mediante su máxima, como legisladora universal”.


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