“Los más creen que sólo hacemos libremente aquello que
apetecemos escasamente, ya que el apetito de tales cosas puede fácilmente ser
dominado por la memoria de otra cosa de que nos acordamos con frecuencia, y, en
cambio, no haríamos libremente aquellas cosas que apetecemos con un deseo muy
fuerte, que no puede calmarse con el recuerdo de otra cosa. Si los hombres no
tuviesen experiencia de que hacemos muchas cosas de que después nos
arrepentimos, y de que a menudo, cuando hay en nosotros conflicto entre afectos
contrarios, reconocemos lo que es mejor y hacemos lo que es peor, nada
impediría que creyesen que lo hacemos todo libremente. Así, el niño cree que
apetece libremente la leche, el muchacho irritado, que quiere libremente la
venganza, y el tímido, la fuga. También el ebrio cree decir por libre decisión
del alma lo que, ya sobrio, quisiera haber callado, y asimismo el que delira,
la charlatana, el niño y otros muchos de esta laya creen hablar por libre
decisión del alma, siendo así que no pueden reprimir el impulso que les hace hablar. De modo que la
experiencia misma, no menos claramente que la razón, enseña que los hombres
creen ser libres sólo a causa de que son conscientes de sus acciones, e ignorantes
de las causas que las determinan, y, además porque las decisiones del alma no
son otra cosa que los apetitos mismos.” Spinoza
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“Como ser racional, y por tanto, perteneciente al mundo
inteligible, no puede el hombre pensar nunca la causalidad de su propia
voluntad sino bajo la idea de la libertad, pues la independencia de las causas
determinantes del mundo sensible (determinaciones de la naturaleza, biológicas
y emotivas) es libertad. Con la idea de libertad hállese, empero,
inseparablemente unido el concepto de autonomía, y con éste el principio
universal de la moralidad, que sirve de fundamento a la idea de todas las
acciones de seres racionales, del mismo modo que la ley natural sirve de
fundamento a todos los fenómenos”
…¿Qué puede ser, pues, la libertad de la voluntad sino
autonomía, esto es, propiedad de la voluntad de ser una ley para sí misma? Pero
la proposición: la voluntad es, en todas sus acciones, una ley de sí misma,
caracteriza tan sólo el principio de no obrar según ninguna otra máxima que la
que pueda ser objeto de sí misma, como ley universal. Esta es, justamente, la
fórmula del imperativo categórico y el principio de la moralidad; así pues,
voluntad libre y voluntad sometida a leyes morales son una y la misma cosa.”
Kant.
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