viernes, 23 de septiembre de 2016

En la mitología aborigen australiana, El Sueño o Altjeringa (también llamado Tiempo del Sueño); un tiempo más allá del tiempo en el cual los Seres Totémicos Espirituales ancestrales formaron La Creación.
Al principio la Tierra era un espacio vacío y llano, en cuyo interior descansaba la «Gran Madre Serpiente» que permaneció en un profundo sueño durante muchísimo tiempo. Repentinamente se despertó y reptó por el interior de la Tierra hasta llegar a la desierta superficie. Comenzó a recorrer la Tierra y, a medida que avanzaba, tal era su poder, que provocó una gran lluvia, formándose lagos, ríos y pozos de agua. Cada sitio que visitó lo nutrió con la leche de sus pechos rebosantes, haciéndolo fértil y una frondosa vegetación creció en la Tierra antes yerma. Grandes árboles con frutos de muchos colores y formas brotaron de la tierra. La gran serpiente introdujo su nariz en el suelo, levantando cadenas montañosas y abriendo profundos valles, mientras que otras partes las dejó lisas y desiertas. La «Madre Serpiente» volvió hacia la superficie y despertó a los animales, a los reptiles y a los pájaros primeros, y finalmente creó a los peces. Por último, según cuenta la leyenda, la serpiente extrajo de las entrañas de la propia Tierra a la última de las criaturas, el ser humano.

De la «Madre Serpiente» los seres humanos aprendieron a vivir en paz y armonía con todas las criaturas de la creación, ya que eran sus primos espirituales. Además, le enseñó a la gente la vida tribal, a compartir y tomar de la Tierra solamente aquellos bienes que necesitasen, respetando y honrando a la Naturaleza. El ser humano entendió que su papel era el de guardián y protector de ese equilibrio y que debía transmitir este conocimiento de generación en generación. Antes de desaparecer, la «Madre Serpiente» advirtió que si el hombre abusaba  mataba por placer o por gula, encontraría al culpable y lo castigaría.

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